Cuando nos diagnostican cáncer lo primero que sentimos es miedo a la muerte, y este miedo existencial forma parte de la enfermedad al igual que el miedo a lo alevoso, a lo maligno, al futuro, al sufrimiento y al dolor, al tratamiento, al aislamiento social, al abandono, a la incomprensión. Estos sentimientos encierran la angustia que implica esta enfermedad.Además de estos miedos, la enfermedad está rodeada de un hado de mentiras porque nos sentimos que de esta forma nos aislamos, nos alejamos de la enfermedad y así estamos más protegidos. Pero no es así. Por eso tendremos que respetar la verdad si queremos llegar a la cura.
A pesar de tando dolor, los síntomas del cáncer tienen un aspecto positivo, ya que sacuden y despiertan a la persona y su vida sufre un cambio radical en función de la enfermedad desde el momento en que se diagnostica.
Este miedo además, aumenta la autopercepción, trae un fortalecimiento de las experiencias propias y de la conciencia. La proximidad con la muerte hace que uno se replantee su vida y su significado. Muchos enfermos relatan que antes de saber el diagnóstico sentían la necesidad de cambiar algo en sus vidas, que no estaban sintonizados con la misma frecuencia que su entorno, pero no sabían que debían cambiar y tras el diagnóstico, todo fue más claro.
El miedo, la mentira y la duda son enemigos internos de las personas y es el cáncer la enfermedad que más los saca a la superficie. A veces el cáncer lleva a la muerte pero para algunas personas, la amenaza que entraña, significa el comienzo de la vida.
Así como el otoño resalta los colores más bellos de la naturaleza antes del reposo invernal, las nuevas etapas que se presentan en un enfermo de cáncer pueden estar inmersas en la luz y el color. Esto dependerá del enfermo, de quienes lo acompañen en estas etapas y de cómo enfrente ese miedo a la enfermedad.
En la mayoría de los pacientes se manifiesta una gran desesperación durante la terapia cómo algo que determina su vida y esa desesperación los domina mucho tiempo antes de haberse declarado su enfermedad y no lo habían notado. Durante mucho tiempo fue un sentimiento básico que regía sus vidas y en algunas oportunidades esa suerte de música de fondo se hacía escuchar con fuerza y en otras se acallaba, pero siempre estaba .
Cuando este sentimiento se agudiza, se transforma en miedo y surge en la psique una especie de parálisis que le impide expresarlo produciéndose un mutísmo . El miedo se incrementa cuando en diagnóstico de cáncer es interpretado cómo una condena a muerte, como una enfermedad mortal. Ningun enfermo es igual a otro porque es un individuo independiente y por lo tanto ninguna enfermedad es igual a otra por lo tanto ninguna persona puede asegurarle a un enfermo cómo termina su biografía.
Gravémonos en nuestra mente, "Hoy el cáncer se puede curar, Luchemos..."
"Toda enfermedad es un don del destino para introducirnos a la reflexión". R.S.
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